martes, 16 de junio de 2009

2. Llamada no recibida

LR: hola, soy yo, Ripley.

MT: sí, claro y yo soy Scott, Ridley. No te jode.

LR: no, tonto. Ya sabes quién soy. Quería ver cómo es el mundo por fuera.

MT: ¿por fuera?

LR: sí, de la realidad virtual que siempre nos ha contenido

MT: pues ya sabes, fuera de la nave virtual, vacío, un frío que te cagas y mucha Space Oddity.

LR: ¿se oye la canción en el vacío?

MT: dentro del traje sí. ¿Por qué has llamado, en serio?

LR: podría decir que tiene Nexus razones que el ordenador no entiende, pero es una cita muy cogida por los pelos.

MT: una misquotation, eso que me gusta tanto de los ingleses. ¿Eres siempre tan ridleyana?

LR: sólo delante de un té, cuando estoy aburrida.

MT: no había oído nunca tu voz. Ahora ya me puedo quedar aquí flotando para siempre...

LR: pues baja que quiero que nos veamos

MT: ¿ver de ver y tocar?

LR: tocar, tocar, lo justo de los dos besos. Considéralo “Encuentros en la tercera fase”.

MT: eso, yo debo de ser para ti un alien.

LR: olvidas que soy Ripley. Ya sabré arreglármelas contigo. De todas formas sólo un café, o una coca, y luego cada uno por su lado, que el espacio es muy grande.

MT: sí, cada mochuelo a su olivo que ancha es Castilla.

LR: adiós, mi castizo astronauta.

Cuando dejé el teléfono recordé aquella peli en B y N franquistoide del viudo y los ¿15? hijos. Al final un tal Críspulo le tira un cohete a Dios como agradecimiento por haberle devuelto a su hermanito Chencho. La leche.


Clarence.
 
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